En el corazón del Midtown de Manhattan, rodeado por el acero de los gigantes corporativos, se encuentra un edificio que cambió el rumbo de la historia del arte: El Museo de Arte Moderno (MoMA). Fundado en 1929, el MoMA fue el primer museo de su tipo: una institución dedicada enteramente al "arte de nuestro tiempo". Hoy en día, sigue siendo el estándar de oro para el arte moderno y contemporáneo, funcionando como un laboratorio para la vanguardia y un santuario para las obras maestras más famosas del mundo.
El MoMA que vemos hoy es un testimonio de la transformación constante. Su expansión más reciente, completada a finales de 2019, rediseñó fundamentalmente la forma en que los visitantes interactúan con el arte. Se acabaron los días de galerías estrictamente cronológicas. El nuevo MoMA fomenta las "colisiones creativas", colocando fotografía junto a pintura o arquitectura junto a arte de performance. La elegante fachada de vidrio y acero refleja la energía de la ciudad, mientras que el interior —un laberinto de galerías minimalistas— ofrece el enfoque necesario para apreciar obras provocativas.
Aunque el museo cuenta con más de 200,000 obras, algunas piezas han alcanzado un nivel de fama que las convierte en paradas obligatorias para cualquier visitante.
Lo que realmente diferencia al MoMA es su amplia definición del arte. Fue el primer museo importante en establecer un departamento de Arquitectura y Diseño, reconociendo que una silla bien diseñada o un automóvil aerodinámico son tanto artefactos culturales como una escultura. El museo también alberga una extensa biblioteca de Cine y realiza proyecciones diarias, además de contar con un espacio dedicado a Medios y Performance en vivo, asegurando que el arte se experimente como un evento vivo en lugar de un objeto estático en una pared.